El Doblecalcetín

El Doblecalcetín

Ahí lo tenéis escrito, y dibujado, y parece nada. Pero el Doblecalcetín es mi solución -o debería decir salvación- invernal.

Llegado el frío, en mi bolso igual se puede encontrar un monedero, o no. Unos Kleenex, o no. Un bolígrafo, o no. Pero lo que no falta nunca es mi seguro personal contra constipados y escalofríos. Mi salvaremedio consiste, ni más ni menos, en llevar encima unos calcetines extras en cuanto el termómetro empieza a caer. Así me puedo adaptar al fluctuante entorno invernal de una forma fácil, rápida y, sobre todo, económica. ¿Que estoy en un sitio cerrado y bien calentito? Pues los calcetinitos al bolsito. ¿Que de repente se estropea la calefacción, o resulta impepinable salir a la intemperie? Que no cunda el pánico. La pareja extra de calcetines entra en acción, refuerza a los calcetines rutinarios y ya no se cuela ni un ápice de frescor.

Claro que, antes de llegar a esta fórmula magistral, he recorrido mundo y explorado opciones.  Pero desde lo hondo de mi conocimiento emírico: nada convence tanto, la verdad. Los calcetines térmicos son caros, y feos. Están claramente reñidos con la feminidad de la mujer. Y los calcetines de nieve…  Es que son muy de nieve, no han oído hablar de la feminidad ni de lejos, vamos.

En fin, que no hay mejor regulador que el bendito Doblecalcetín. Así que, llegado el invierno, me podréis encontrar sin dinero ni Kleenex ni boli… Pero siempre con mi remedioideal.

@annamurillo

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